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jueves, 8 de diciembre de 2011

Los Berosini: Sangre circense




Bertha Zamora

Es la tercera generación de hombres dedicados al circo. Sangre italiana, sangre circense.
Berosini, apellido que he escuchado desde niña cuando mis padres me llevaban al circo, hoy se sigue escuchando dentro de la carpa. Francesco, el hijo menor comparte con nosotros su vida en el circo, su vida como domador y como integrante de la dinastía Berosini.


Herencia

“Nací en el circo y toda la vida he estado aquí”, dice Francesco.

Hijo del afamado domador italiano Franco Berosini quien, proveniente de una familia dedicada a la milicia, decide dedicarse al circo, “su padrastro era gente de circo, así fue como mi padre conoció esta vida y le gustó tanto que lleva más de 50 años dedicado a esto”, dice el menor de la dinastía.

Francesco, miembro de una familia circense, empezó a los 8 años como domador, “ahora tengo 17, mi hermano también es domador, ya es una tradición”.


Animales Salvajes

Ante la pregunta, ¿es difícil domar? Francesco dice, “hay de animales a animales, por ejemplo, a los caballos hay que tenerles mucha, mucha paciencia, aparte de que son muy nerviosos”.

Sobre el peligro latente, señala, “nunca pierden el instinto a pesar de que estés con ellos y te conozcan, el peligro de un ataque está siempre”.

Asimismo dice, “mi hermano es domador de felinos, tiene 42 puntadas en la pierna y en la mano varias mordidas de un tigre”.

“Pero el peligro es algo que nos gusta, lo disfrutamos, esa adrenalina…”
Francesco afirma que todos los animales son domables, ante la interrogante, ¿cómo domas la vida? Se ríe y dice, “no, no, esa no se doma…”

El show
Dicen muchos por ahí, “nunca trabajes con niños ni con animales”, al respecto Francesco señala, “cuando no responden en el show si da coraje, pero hay veces que como tú o yo, no tienen ganas, así que hay que entenderlos pues tal vez tiene flojera o les duele algo”.

“A mí me gusta mucho estar con ellos, es algo que me llamó la atención desde chiquito”.

Animales en el circo
En la actualidad, existen varias organizaciones que se manifiestan en contra de que haya animales en los circos, Francesco dice, “yo creo que un circo sin animales ya no es circo, ya es teatro, y si quitan los caballos del circo tendrán que quitarlos de cualquier espectáculo, como por ejemplo, quitarlos de los conciertos de Joan Sebastian o Vicente Fernández”.



La vida circense

“Vivo como cualquier otro chico de mi edad, tengo una vida bonita vida porque conozco varios lugares y países. En el circo no todos somos amigos y eso de que se dice que todos somos una familia tampoco es verdad, pero si tengo buenos amigos de mi edad y nos vamos al antro, a la plaza, al cine, por ejemplo ahorita nos iremos al balneario. Todo es muy normal”.

***

Francesco admira a su padre y también al domador alemán Martín Lacey. Le gusta todo tipo de música, excepto el rock y la salsa. Su sueño es tener su propio circo. Antes de salir al escenario siempre se persigna y reza.

Cómo saber si eres violentada





Bertha Zamora


Las estadísticas afirman lo evidente, gran parte de las mujeres alguna vez en su vida han sido violentadas, pero, ¿Cómo saberlo?, ¿Cómo reconocer a un agresor?, ¿Qué hacer si estamos inmersas en una vida violenta o si alguien cercano lo está?

Las respuestas las dio Muriel Salinas Díaz, economista y feminista, experta en temas relacionados al género femenino: violencia, equidad, entre otros.

El agresor
Salinas Díaz dejó en claro que, “los agresores tienen una misoginia aguda, y requieren intervención psicológica para cambiar, no lo van a hacer ni jurando, ni bailando en Chalma, es necesaria la atención médica”.
Los tipos de violencia que ejerce el agresor son: física, psicológica, sexual, económica, patrimonial, comunitaria o social, institucional.

La víctima
Con respecto a la víctima, Muriel dijo que algunas señales que reflejan violencia son: temor, vergüenza, ciclos depresivos, desarreglo personal, trastornos de ansiedad, ataques de angustia, sentimiento de culpa, heridas y hematomas, conductas de evasión, aislamiento familiar y social, comienzan a faltar a las citas y empiezan a somatizar.

Salinas Díaz recalcó que es de suma importancia no regañar a la persona que te cuenta los episodios violentos que vive, “sé que en ocasiones es desesperante, pues vienen con nosotras, nos cuentan y al rato ya volvieron con el agresor, pero hay que recordar que es algo muy difícil y necesita un proceso que comienza rompiendo el ciclo de violencia”.

El ciclo de violencia consta de 3 rubros, el primero se refiere a las agresiones verbales, posteriormente vienen los golpes y el descontrol, es aquí donde estalla la violencia, y es en este momento donde se puede ayudar a la víctima acudiendo a una institución especializada en estos casos, después viene la fase de calma o luna de miel, donde el agresor se arrepiente, la mujer lo perdona…Esto se repite una y otra vez.

Factores para romper una relación violenta
Muriel señala que es de suma importancia hacer las siguientes preguntas:

¿Estaré mejor fuera de la relación?

¿Seré capaz de salir de ella con éxito?

Salinas Díaz señala que un factor importante para quedarse inmersas en una relación violenta es el miedo y la falta de dinero, sin embargo; afirma que existen instituciones donde se dan de manera gratuita apoyo psicológico y orientación laboral para que la mujer violentada pueda rehacer su vida.

“En el estado existen tres refugios con domicilio confidencial para las mujeres que sufren violencia extrema, sólo basta llamar a SEMUJER o INMUJERES al teléfono 01800 911 2511 para que se canalicen los casos”, finalizó.

Cuestión de educación, ¿el ciudadano o el consumidor? O ¿ambos?







Eduardo Chávez Romero


Los años del neoliberalismo en México han marcado con sello distintivo el entendimiento sobre educación y así, sobre la formación de las nuevas generaciones de los mexicanos. Es decir, desde mediado de los 80´s con Miguel de la Madrid y sus sucesores como Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón; se ha mantenido una política de calidad, productividad y ganancia.

No en vano hoy las competencias en educación como postura administrativo-pedagógica para la formación de saberes y principalmente pragmáticos en la resolución de problemas laborales y no así, en la resolución de situaciones vivenciales y de la democracia.

El sujeto a formar en el Neoliberalismo no está en la persona con valores o en el ciudadano, sino en el usuario o mejor dicho en lenguaje neoliberal, “el consumidor”.

La diferencia entre estos dos conceptos, ciudadano y consumidor está en el enfoque educativo que se quiera optar. El primero, el ciudadano, es una persona comprometida con la comunidad y en específico, con la vida en democracia. Se manifiesta en contra de los abusos, exige el respeto a los derechos humanos, demanda a la autoridad tapar el bache de su colonia y la reparación del alumbrado público que él y la comunidad pagan con lo poco mucho que le retiene Hacienda. El consumidor por su parte, vela por su satisfacción y sus necesidades. Se manifiesta en contra de los abusos de su proveedor de cable, exige el respeto a la tarifa que le había prometido su empresa telefónica, demanda a la autoridad que reponga su servicio de Internet y la reparación inmediata de su servicio de gas natural que él está pagando con lo poco mucho que gana en la quincena.

Educar se convierte en una cuestión de enfoque. Pues ciudadano y consumidor son fines de dos filosofías pedagógicas. La cuestión no está en formar en uno o en otro al sujeto, porque querámoslo o no, vivimos en democracia (o eso nos han dicho desde el dos mil y la alternancia en el poder ejecutivo) y los problemas sociales y de la comunidad nos impactan directamente en nuestra forma de vida; pero también consumir, querámoslo o no, lo tendremos que hacer, pues los bienes y servicios del libre mercado hacen las tarifas y las competencias comerciales más accesibles para nosotros, los consumidores.

Entonces, ¿por qué no procurar la misma educación de los bienes (del consumidor) en los bienes de la ciudadanía?
Sólo es cuestión de educación integral. Ah, y de cambio de rumbo político y personal.